Las serpientes también tienen amigos, según la ciencia

 Aunque no está vinculado al apareamiento —las serpientes no prefirieron compañeros del sexo opuesto— estos vínculos parecen proveer beneficios adaptativos: ayudan a conservar calor corporal y a defenderse de depredadores.


Un sorprendente estudio sobre serpientes de jarretera oriental (Thamnophis sirtalis sirtalis) desafía la idea de que estos reptiles son criaturas frías y solitarias. El trabajo, liderado por Morgan Skinner, doctorando en ecología del comportamiento en la Universidad Wilfrid Laurier (Canadá), proporciona evidencia de que estas serpientes forman lazos sociales selectivos y tienen preferencias claras por ciertos individuos, lo que sugiere que su sociabilidad es más compleja de lo que se pensaba.

Para investigar la personalidad y sociabilidad de las serpientes, Skinner organizó un experimento con 40 crías —30 de madres capturadas en la naturaleza y 10 provenientes de una misma camada de criadero— a las que marcó con puntos de colores en la cabeza para su identificación. En recintos con solo cuatro refugios disponibles para 10 serpientes cada uno, los animales debían agruparse obligatoriamente. Durante ocho días, de 7:00 a 19:00, una cámara capturaba imágenes cada cinco segundos para registrar sus desplazamientos y agrupaciones. También se fotografiaban dos veces al día; luego de cada sesión, el recinto se limpiaba y los animales se colocaban nuevamente en posiciones distintas para observar si formaban los mismos grupos.

A pesar de ser reubicadas, las serpientes tendían a reconformar grupos de entre tres y ocho individuos, buscando las mismas compañeras con quienes ya habían estado previamente. Este comportamiento refleja una capacidad de reconocimiento social y una preferencia activa por ciertos congéneres, más allá del azar. Como indicó Noam Miller, coautor del estudio, “son capaces de distinguir a las demás” y “buscan contactos sociales y son exigentes a la hora de elegir con quién se relacionan”.

Además de demostrar esta sociabilidad, el estudio evaluó rasgos de personalidad clasificando a las serpientes como “tímidas” o “audaces” mediante observaciones en aislamiento. Los tímidos tendían a quedarse estáticos, mientras que las audaces exploraban el refugio. Sin embargo, estas diferencias desaparecían cuando estaban en grupo: todos seguían el comportamiento general del grupo, lo que podría ser estrategia natural para mantenerse seguros y conservar calor en ambiente frío o peligroso.

El experimento fue realizado en condiciones de cautiverio, lo que limita su representatividad para ambientes naturales. La herpetóloga Melissa Amarello señaló que los comportamientos en cautiverio podrían no reflejarse en libertad. Pese a ello, como la especie suele formar agregaciones naturales durante la hibernación o reproducción, los autores consideran que relaciones similares ocurren en la naturaleza.

Este hallazgo forma parte de un avance más amplio en la ciencia animal. La aceptación del término “amistad” en estudios conductuales de animales ha aumentado, apoyada por mejores herramientas de análisis de redes sociales. Hace apenas una década, el uso de esa palabra en contextos zoológicos era poco común o incluso desaconsejado en estudios formales.

¿Por qué formar lazos sociales? Aunque no está vinculado al apareamiento —las serpientes no prefirieron compañeros del sexo opuesto— estos vínculos parecen proveer beneficios adaptativos: ayudan a conservar calor corporal y a defenderse de depredadores. Esto sugiere que las relaciones tienen una función práctica más que emocional, alejándose de la lógica humana de amistad.

El estudio también aporta una visión más amplia sobre la inteligencia social en reptiles. El biólogo evolutivo Gordon Burghardt comentó que esta investigación “debería ayudar a convencer a la gente de que las serpientes no son todas solitarias crípticas, sino que tienen más inteligencia social y un repertorio social más amplio de lo que la mayoría de nosotros pensamos”.



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