Imagina que cada vez que llueve o nieva, además de agua cae una sustancia sintética que se acumula en ríos, suelos, cultivos ¡e incluso en nuestra sangre! Ese compuesto existe: se llama ácido trifluoroacético (TFA) y su presencia está aumentando en todo el planeta.
Un nuevo contaminante químico ha comenzado a preocupar a la comunidad científica: el ácido trifluoroacético (TFA), una sustancia sintética que está apareciendo en cantidades cada vez mayores en la lluvia, la nieve, el agua subterránea e incluso en alimentos y organismos vivos. Este compuesto pertenece al grupo de los PFAS, conocidos como “químicos eternos” por su resistencia a la degradación natural.
De acuerdo con un artículo reciente publicado en la revista Nature, investigadores han detectado que los niveles de TFA se han multiplicado entre cinco y diez veces en ecosistemas como bosques de Alemania, capas de hielo del Ártico canadiense y reservas de agua subterránea en Dinamarca. Lo más preocupante es que este químico también se ha encontrado en agua embotellada, cerveza, plantas, órganos animales y en la sangre de seres humanos.
El TFA puede originarse no solo por emisiones industriales directas, sino también a partir de la descomposición atmosférica de gases fluorados utilizados en refrigerantes, aerosoles, pesticidas y espumas contra incendios. Su alta estabilidad química, gracias a los enlaces entre carbono y flúor, hace que no se degrade fácilmente, lo que permite que se acumule en el medio ambiente a largo plazo.
Aunque el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha calificado el riesgo del TFA como bajo hasta el año 2100 con los niveles actuales, otros expertos no comparten esa visión. En octubre de 2024, un grupo de científicos europeos advirtió que las concentraciones crecientes podrían estar vulnerando los límites planetarios seguros, lo que motivó la petición de una prohibición total de todos los PFAS, incluyendo el TFA.
El debate se intensificó en junio de 2024, cuando las agencias ambientales de Alemania solicitaron a la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) que clasifique el TFA como sustancia tóxica para la reproducción, altamente persistente y móvil. El periodo para comentarios públicos sobre esta clasificación finalizó el 25 de julio de este año.
Aunque no se ha demostrado que el TFA se acumule en los tejidos como otros PFAS, su presencia extendida en la cadena alimentaria y en el ambiente ha generado preocupación sobre sus posibles impactos ecológicos y en la salud humana. Algunos sectores defienden una regulación preventiva, mientras que otros argumentan que es necesario contar con más evidencia científica antes de tomar decisiones que podrían afectar a industrias clave como la farmacéutica, la agroquímica y la producción de refrigerantes.
- Fuente: Nature
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